¿Es cierto que Internet nos vuelve estúpidos?

Juan M. Blanco

Los que utilizamos Internet con regularidad raramente nos detenemos a reflexionar acerca de los efectos que tal conducta podría tener sobre nuestra conciencia, sobre nuestra manera de asimilar la información. ¿Podría Internet estar deteriorando irreversiblemente nuestro cerebro? La discusión comenzó hace algunos años con el famoso artículo de Nicholas Carr Is Google Making Us Stupid?” El bueno de Nicholas tenía la sensación de que, en los últimos tiempos, algo o alguien había estado hurgando en su cerebro, cambiando los circuitos neuronales y reprogramando la memoria. Aunque había sido un empedernido lector en el pasado, ya no lograba la concentración necesaria para leer un libro o, incluso, un texto largo. En la tercera página perdía el hilo y su mente comenzaba a vagar por los amplios espacios… cibernéticos. Se sentía incapaz de pensar, de procesar la información con la misma profundidad de antaño. Y, para colmo de males, todos sus amigos habían sufrido la misma mutación. ¿Enfermedad contagiosa? ¿Lento envenenamiento? ¿Extraños casos de posesión diabólica? ¿El mero avance de la edad? No, el origen estaría en el uso de Internet.

Según Carr, Internet fomentaría un pensamiento superficial, mecánico, más basado en la anécdota que en el pensamiento profundo

Según Carr, la red de redes impulsaría a saltar rápidamente de un texto a otro, fomentando una lectura superficial, en diagonal. Y desactivaría la capacidad de interpretar profundamente el texto, de establecer esas conexiones mentales propias de una lectura reflexiva, concentrada y sin distracciones. Con el tiempo, el cerebro se iría dispersando, adaptándose al ritmo de la pantalla, a una corriente constante de partículas informativas débilmente conexas entre sí. La elaboración compleja se sustituiría por una nueva conciencia acomodada a la sobrecarga de información y a la respuesta inmediata. Y el pensamiento derivaría hacia un enfoque superficial, mecánico, basado más en la anécdota que en el conocimiento profundo, una suerte de inteligencia artificial. ¡Horror! la mente humana imitando al computador… y no al revés.

El ancestral miedo a lo nuevo

Pero estos recelos, esos miedos a innovaciones que mermarían nuestras capacidades naturales, no son exclusivos de nuestro siglo. Toda época tuvo su afán, su preocupación. El filósofo griego Sócrates advirtió a sus discípulos de los peligros de la escritura, ese arte que reduciría el ejercicio de la memoria, atontando a las gentes. Los individuos se volverían perezosos, incapaces de guardar en la cabeza nada que cupiera en el bolso. El propio Don Quijote perdió el seso por abusar del Internet de aquellos tiempos: los libros de caballería. O, tal como señala Carr, el mismísimo filósofo Friedrich Nietzsche cambió drásticamente su lenguaje, su modo de expresarse, tras adoptar la máquina de escribir. Su cerebro se transformó al pasar del leve murmullo de una pluma deslizándose suavemente sobre el papel al estruendo de un novedoso ingenio accionado por unas teclas.

Las aplicaciones y los recovecos de Internet pueden distraerte, romper tu concentración, pero no en mayor medida en que la televisión, o unos comics, apartaban antaño a un adolescente poco voluntarioso del aburrido estudio.

Por suerte, los temores de Carr resultaron infundados. Las investigaciones científicas no encontraron que el uso de Internet tuviera efectos apreciables sobre la estructura o funcionamiento de nuestra mente. Si no es por mal uso o abuso, la red no parece afectar negativamente al cerebro. Lo que ocurre en la realidad es que los seres humanos adaptan su funcionamiento a las herramientas disponibles, a las nuevas tecnologías. Y, al igual que el uso de la fuerza física se trasladó a las máquinas, las personas descargan ahora en los aparatos informáticos ciertas funciones de almacenamiento que antes realizaba la memoria. No es eficaz memorizar datos que pueden ser accesibles al instante desde un computador o un teléfono inteligente.  Se trata, por tanto,  de una mejora en la eficiencia, no de una nueva “invasión de los ultracuerpos”. Las nuevas tecnologías permiten reducir drásticamente el tiempo y los costes de adquirir información, y favorecen nuevas posibilidades de interacción entre personas. Las aplicaciones y los recovecos de Internet pueden distraerte, romper tu concentración, pero no en mayor medida en que la televisión, o unos comics, apartaban antaño a un adolescente poco voluntarioso del aburrido estudio.

Internet rompe la censura

Pero también existen inconvenientes. Mientras la disponibilidad de información ha crecido exponencialmente, la capacidad de la mente humana para procesarla se mantiene invariable. La dificultad para llegar al fondo de cada asunto es la misma… pero la superficie mucho mayor. Ni el raciocinio se deteriora ni el cerebro se vuelve insustancial pero la catarata de información obliga a conformarse con un conocimiento superficial en la mayoría de los temas. Igual que antaño, sólo somos capaces de adquirir entendimiento profundo en unos pocos campos. Sin embargo, la profusión de información puede generar un espejismo, una engañosa sensación de dominar todas las claves, de tener toda la sabiduría al alcance de la mano. Inducirnos a creer que podemos adquirir profundo conocimiento sin esfuerzo, a un clic del ratón. Internet no nos hace más estúpidos pero… podemos llegar a sentirnos más inteligentes de lo que somos. La superabundancia de información debe servir precisamente para tomar conciencia de lo mucho que ignoramos.

Pero existe una enorme ventaja. Internet y la prensa digital han roto el monopolio de la información que poseían los medios de comunicación convencionales, desbaratando en muchos países la sutil pero férrea censura que ejercían las autoridades. Los ciudadanos pueden encontrar en la Red informaciones que difícilmente se admitían en países donde la prensa dependía en gran medida del poder político. Sin la red, permaneceríamos escuchando constantemente las consignas del poder, un proceso que, sin duda alguna, vuelve a la gente mucho más estúpida que el uso de Internet.

@BenegasJ & @BlancoJuanM

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