Cuanto más corrupto es un país… más leyes tiene

Javier Benegas y Juan M. Blanco

Ramón Iglesias, ingeniero y promotor español, necesitó tres años de gestiones, 10.000 euros en licencias, centenares de papeles y complejos trámites con más de 30 funcionarios de 11 departamentos pertenecientes a cuatro Administraciones diferentes, antes de poder abrir su bodega ecológica. Tuvo que pagar 1.300 euros por un estudio de impacto acústico a pesar de que sus instalaciones eran silenciosas y se encontraban muy alejadas del lugar habitado más cercano. Le exigieron una certificación de “innecesariedad” de realizar actividad arqueológica y, también, un informe sobre iluminación por si incumplía el “reglamento para la protección de la calidad del cielo nocturno”. En resumen, Ramón sufrió innumerables zancadillas administrativas a pesar de que iba a generar puestos de trabajo en una región con una enorme tasa de desempleo.

Acosados por las trabas administrativas, muchos emprendedores regresan arruinados al desempleo o a la economía irregular

El caso de Ramón es el del típico emprendedor solvente a punto de naufragar en el mar de los Sargazos de esas trabas burocráticas a la actividad económica creadora de empleo, que más parecen provenir de la calentura de mentes desquiciadas que de una labor legislativa y reguladora responsable. Hay casos aún más inauditos, como el de un empresario mexicano que, tras un año de trámites y gestiones en España, tuvo que desistir al descubrir que uno de los permisos exigidos sólo se expedía en una ventanilla que ni siquiera existía. O, a una escala más modesta, la pequeña escuela de yoga, con aforo para apenas 14 personas, a la que se exigió acometer obras de insonorización por importe de 14.000 euros (más IVA) pues, como es bien sabido, el yoga es una actividad extremadamente ruidosa.

Exorcizando el espíritu emprendedor

Ramón no desistió en su empeño. Afortunadamente contaba con financiación suficiente y un proyecto bien planificado. A trancas y barrancas, descapitalizándose, llegó braceando a la orilla. Otros, con proyectos más modestos, como muchos autónomos, terminan desistiendo. Tras años de esfuerzos, angustias y estrecheces, acosados por las trabas administrativas,muchos emprendedores regresan completamente arruinados al lugar del que provenían: el desempleo o la economía irregular. En adelante, la mayoría de ellos preferirán malvivir de un triste subsidio que volver a pasar por ese infierno: comerán mal, pero al menos dormirán tranquilos.

En España, como en otros países, a cada intento de realizar una actividad económica corresponde una interminable lista de disparates administrativos. La normativa es, a veces, tan retorcida y compleja que deprimirían al más entusiasta aficionado a la hermenéutica o a la resolución de jeroglíficos.El delirio ha alcanzado tales cotas que, a la sombra de prolijas normativas, han florecido empresas concertadas que, por un buen dinero, “ayudan” al atribulado emprendedor a desenmarañar la madeja normativa, a conocer cómo y cuándo -y a qué coste administrativo- podrá abrir su peluquería, panadería, taller, tienda, despacho o local. Algún malpensado podría llegar a la conclusión de que se ha legalizado aquello que antaño llamaban “mordida”.

¿A qué se debe tanto despropósito?, ¿acaso los legisladores odian a los emprendedores, autónomos y diminutos empresarios?, ¿nos encontramos a merced de sádicos que disfrutan mortificando a quien sólo aspira a ganarse la vida dignamente?, ¿o es simple y pura incompetencia? De ningún modo. Los políticos y los burócratas no son psicópatas ni estúpidos: su comportamiento es coherente con sus propios objetivos.

Los oscuros propósitos de la hiperregulación

En los años 80 del pasado siglo, un economista peruano, Hernando de Soto, analizó un curioso fenómeno. En las grandes ciudades del Perú, como en las de otros países, existían grandes masas de población que subsistían llevando a cabo labores artesanales, industriales o de servicios, pero siempre informales, aun cuando sus actividades eran lícitas. ¿Por qué nadie se regularizaba? De Soto sospechó rápidamente que el exceso de regulación, la multiplicidad de permisos y la dificultad para obtenerlos podían ser la causa. Comprobó que para abrir un mero taller textil hacían falta permisos de 11 organismos distintos, que requerían 289 días completos de trámites burocráticos, con un coste final de 1.231 dólares de la época (32 veces el salario mínimo en Perú). Y en algunos casos era imposible conseguir la licencia sin recurrir a sobornos. Este estudio dio origen al ya clásico libro El otro sendero.

Las complejísimas regulaciones no aparecen de manera inocente. Son establecidas deliberadamente

Tal despropósito condenaba a muchas personas a vivir en la precariedad. Podían ganarse el sustento pero siempre bajo la espada de Damocles de la suspensión y el cierre y, no menos importante, imposibilitados para hacer crecer su negocio y prosperar, porque el acceso al crédito estaba vedado a las empresas irregulares. Lo sorprendente era que, aun siendo las consecuencias tan graves, pocos gobiernos estaban dispuestos a acometer una simplificación legislativa. El motivo era simple: en muchos países, entre ellos España, los dirigentes políticos no persiguen el bien común; están al servicio de sus propios intereses. No se dedican a la política para servir a la sociedad sino para servirse de ella. Las complejísimas regulaciones no aparecen de manera inocente. Son establecidas deliberadamente por gobernantes sin escrúpulos como subterfugio para otorgar favores a sus aliados y asegurarse nuevas oportunidades de enriquecimiento ilícito. Esas barreras son los meandros administrativos donde se embalsa la corrupción.

La hiperregulación restringe la libre entrada a la actividad económica para que unos pocos privilegiados puedan operar sin apenas competencia, obteniendo enormes beneficios de mercados cautivos que comparten con los políticos a través de comisiones, regalos, puestos en el consejo de administración. Las normas o requisitos deben ser enrevesados y ambiguos para permitir cierto grado de discrecionalidad a la hora de conceder permisos y licencias. El fenómeno es tan antiguo que ya fue señalado por el historiador romano Cornelio Tácito: “Corruptissima re-publica, plurimae leges” (cuanto más corrupto es un país más leyes tiene).

La hiperregulación maliciosa es, con mucho, el principal problema, la máquina infernal del desempleo, la pobreza y la frustración

Desgraciadamente, esta estrategia demasiado extendida y, mientras la oligarquía política y económica se enriquece, la gente corriente experimenta enormes dificultades para encontrar trabajo o desarrollar una actividad económica. Muchos conciudadanos quedan atrapados en el círculo de la pobreza; condenados a vivir del subsidio o trampear en la economía informal. Cada vez que los costes de entrada en el mercado se incrementan un 10%, la densidad de empresas desciende un 1%,  con efectos devastadores  para la competencia, la productividad, la innovación y, sobre todo, el empleo.

Ni la formación ni la tecnología ni la globalización

Ciertos expertos económicos insisten en la falta de formación, el atraso tecnológico y la presión de la globalización como principales causas de la pobreza y el desempleo en muchos países. Se equivocan. La hiperregulación maliciosa es, con mucho, el principal problema, la máquina infernal del desempleo, la pobreza y la frustración. ¿De qué nos servirá poseer la mejor formación si el legislador determina caprichosamente quién puede ejercer una actividad y quién no? ¿Cómo aprovecharemos la más portentosa tecnología, si los gobernantes pueden favorecer a sus amigos y partidarios, negando su oportunidad al ciudadano innovador que busca ganarse la vida honradamente? ¿Para qué sirve una mayor capacidad de adaptación si los políticos generan infinidad de complejas y contradictorias normas con el fin de ejercer la discriminación, enriquecerse y conculcar, por la vía de los hecho, la igualdad ante la ley?

Demasiados políticos prometen en sus campañas electorales resolver los problemas de los ciudadanos promulgando una ley para cada uno de ellos. Pero lo que necesitan nuestros países es justo lo contrario: pocas leyes, iguales para todos, justas y sencillas.

@BenegasJ & @BlancoJuanM

8 comentarios en “Cuanto más corrupto es un país… más leyes tiene

  1. ¿Para qué sirve una mayor capacidad de adaptación si los políticos generan infinidad de complejas y contradictorias normas con el fin de ejercer la discriminación, enriquecerse y conculcar, por la vía de los hecho, la igualdad ante la ley?…….. se pregunta vd.

    Y yo, le añado otra pregunta más que complementa a la suya. ¿Para qué sirven políticas de subvenciones a empresas o sectores determinados?

    Pues exactamente para remachar la finalidad que vd. describe en la suya. Un ejemplo (hay cientos) para aclararlo:

    Yo me dejo la hijuela en una empresa con la que ofrezco al mercado el producto “X”. Para ganarme mi sitio y pan de cada día, invierto capital (crédito que pago religiosamente) en utillaje, buenos profesionales y otros costes variados, innovación por ejemplo. Eso me supone un precio de venta al mercado de mi producto de digamos 100. Y no soy un bienaventurado que cace subvención alguna.

    Vd. p.eje., fabrica ese mismo producto “X”, pero es agraciado con una jugosa subvención que el grupo político local de turno le concede año tras año por diferentes vías ( ya sabe, “municipalizando” su empresa colocando determinados “socios” hijos “de”, amigos “de”, etc., etc. Si además su empresa entra en el ranking de las “semiprivadas-semipúblicas” cuya contabilidad discurre paralela a la oficial del ente público correspondiente, por mal que lo haga y caro que le resulte su proceso productivo, puedeo incluso vender por debajo de 100, o fabricar a coste de 120 y ganar dinero; en un caso el déficit se lo comerá finalmente el contribuyente y, en el otro, se le subvenciona el precio final para poder vender a 100, a 90… etc. (el coste final tiene cargo al destinatario anterior)

    Ahora dígame, como yo puedo competir con vd. con esas condiciones. Las subvenciones, que se concedan a los departamentos de investigación de universidades y otros entes oficiales de utilidad pública. Lo contrario es alimentar la ineptitud, el despilfarro, el parasitismo, la ineficacia y, por descontado, favorecer la finalidad a la que su pregunta apunta: LA CORRUPCIÓN

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  2. Hace tiempo un conocido me contaba su experiencia buscando trabajo en los buenos tiempos en EEUU. “Llegué a un sitio donde creí que podría encajar, convencí al dueño y me dijo: Ya hablo con el encargado, pasa para adentro, ponte ropa de tu talla y a trabajar”. Pensemos en nuestro país, prepara el contrato, alta S.S., comunicación al INEM, reconocimiento médico, curso PRL, firma de recepción de EPIs….Para que luego a vaya al cliente y te lo tiren para atrás porque le falta tal o cual curso, porque su taladro no lleva etiqueta CE,….O sea una pesadilla.

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    1. Otro ejemplo de EE.UU es el del notario americano que da fé de un bien tuyo en un plis plas sin tanto gasto y postureo como un notario español que parece que los han parido aparte y no acaban de salir del albañal de los préstamos hipotecarios recientes donde a miles de españoles se los llevaron pa´lante.

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  3. “Pero lo que necesitan nuestros países es justo lo contrario: pocas leyes, iguales para todos, justas y sencillas.” wishful thinking B&B! The Beast & the Beautiful
    Véase como se alarga la negociación de los estibadores para conseguir sus espúreos beneficios y Bruselas multando a los españoles diariamente a través de su Budget para que estos sesentamileuristas per annum no sufran en su jubilación.

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  4. A mi lo que me indigna, además de lo expuesto, es que por encima, aún hay gente criminalizando a quienes por pura supervivencia tienen que ganarse los cuatro duros diarios necesarios para poder ir tirando dentro de eso que llaman economía sumergida. Símplemente dejándonos en paz, los ciudadanos por nosotros mismos saldríamos a flote. Así es obvio que no. Y es que no se puede nadar con un lastre de tantos kilos atados en pies y manos.

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  5. Totalmente de acuerdo: “La hiperregulación restringe la libre entrada a la actividad económica para que unos pocos privilegiados puedan operar sin apenas competencia, obteniendo enormes beneficios de mercados cautivos que comparten con los políticos a través de comisiones, regalos, puestos en el consejo de administración”

    De primera mano he visto cuasi liquidar un sector económico por una Ley hecha ad hoc para destruir a la competencia de forma masiva.
    Ha cerrado el área de negocio para empresas que llevaban ejerciendo la profesión durante años y por tanto tenían los conocimientos; poniendo una condiciones técnicas y temporales que requerían inversiones inviables para lo que no fueran grandes empresas. Justificado por…….nuestro bien….ya se sabe…

    He visto la más absoluta corruptela de la administración que ha acabado dando el juicio de los válidos y no válidos para ejercer dichos servicios ¡a la misma empresa beneficiaria! una de esas, la más conocida que ocupa más políticos en sus consejos de administración.

    El Objetivo: Ante una nueva legislación impositiva que se espera en el futuro de otra panda de inútiles burócratas (Europa), había que laminar el sector y dejarlo listo para las empresas amigas de los políticos y para otras que han aparecido……… ahora mismo…… gestionadas por familiares o testaferros.
    Han cumplido su objetivo, dar el pastelito a los amiguetes y destruir a su competencia.

    Esto es España, esta es nuestra desgracia, por eso hay paro, por eso la mediocridad de muchos servicios, y por eso cualquier sector que levante la cabeza se verá en la mira de los “legisladores”, guiados por las empresas que ambicionan quedarse con el sector, que legislarán para laminar a la competencia.

    La motivación que hay detrás de la hiperregulación es mucho peor, más tiránica y destructiva de lo que podemos pensar. Y la impotencia, lo peor es la impotencia, el no poder denunciar a la Administración pública cuando nos perjudica; somos esclavos de una dictadura de burócratas y políticos.

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  6. Completamente de acuerdo con el contenido del artículo.

    Pero creo, sinceramente, que el titular debe ser al revés:

    “Cuantas más leyes tiene un país… más corrupto es!”

    La corrupción, en mi modesta opinión, es la consecuencia de la hiper-regulación. Ya se sabe: “Hecha la Ley, hecha la trampa”.

    Y cuántos más reguladores, vigilantes, controladores, supervisores… más oportunidades de corruptelas (v.g.: Bankia – BDE: ¿hay alguien ahí?) Porque, al final de la cadena… ¿Quién controla al último controlador?

    Claro que si éste pertenece a la élite de la “superioridad moral”… podemos dormir tranquilos! ( Y un h…!)

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