El asalto de las nuevas religiones laicas y los déspotas del siglo XXI

Javier Benegas y Juan M. Blanco

En 1964, el escritor español Gonzalo Fernández de la Mora publicó su famoso ensayo El Crepúsculo de las Ideologías, donde sostenía que la creciente complejidad de la gestión pública exigía formas más racionales de organización política, más pragmáticas, basadas en criterios técnicos, no en la ideología, un concepto arcaico destinado a desaparecer. Por ello, ideólogos y políticos profesionales serían paulatinamente desplazados por técnicos y expertos. El argumento parecía plausible pero… la historia se encargó de quitar la razón a Fernández De la Mora.

Las ideologías no desaparecieron; muy al contrario, se fragmentaron en formas todavía más agresivas e irracionales. Las ideologías clásicas, generalistas y hasta cierto punto argumentativas, dejaron paso a creencias particularistas, centradas en un activismo puro con objetivos muy puntuales. Se trata de doctrinas todavía más fanáticas, antagónicas a la libertad individual, con creciente influencia sobre la política; “ismos” o religiones laicas que sistemáticamente cortocircuitan el debate, censuran, gritan, insultan, vociferan y queman en la hoguera a quien no comulga con lo políticamente correcto. Una suerte de nuevas sectas que, a diferencia de las tradicionales religiones, establecen reglas de conducta que no sólo afectan a sus feligreses; también aspiran a ser de general cumplimiento mediante la coacción estatal.

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7 comentarios en “El asalto de las nuevas religiones laicas y los déspotas del siglo XXI

  1. Convendría abundar en el llamado “Delito de Odio”, herramienta de represión del pensamiento. Si me impiden odiar, me impiden pensar. Odiar y expresarlo no puede ser delito. Odio los impuestos y los radares, por ejemplo, pero no pueden sancionarme si pago los impuestos y respeto los límites de velocidad. Puedo respetar las leyes LGTB, pero denunciarlas por odiosas y el Estado no puede legislar sobre mis sentimientos ni pensamientos, sólo sobre mis acciones que, por otra parte, siguen estando sujetas al Derecho Natural, y cuando las leyes lo conculcan, es legítimo resistirse a ellas por tiránicas, como por ejemplo las leyes de la esclavitud hasta el Siglo XIX. Reprimir el pensamiento y no la acción, permitiría procesar al pederasta que se reprime y no delinque y no es sino confundir la Potencia con el Acto. No sólo quieren que respetemos sus leyes, sino obligarnos a pensar que son justas.

  2. La III Guerra Mundial es cultural y como fue en otros casos, se trata de lucha por la Libertad. Extraordinario articulo, debe abrir la consciencia de las mentes brillantes pero adormecidas

  3. El artículo es bueno, pero le ha faltado responder a una pregunta crucial. ¿Qué es el interés general?. ¿Las preferencias de una mayoría elegida democráticamente? ¿Las sugerencias de un comité de expertos y tecnócratas?. En mi humilde opinión, el interés general no es un fin, sino un medio basado en el respeto de los derechos y libertades fundamentales (básicamente la defensa del principio de autopropiedad) que permita a las personas competir y cooperar voluntaria y pacíficamente para alcanzar sus muy heterogéneos fines.
    Ahora bien, siendo una normal general de actuación no está carente de problemas de especificidad y deseabilidad. Ej ¿puedo dentro de mi propiedad privada maltratar a un animal o crear una escuela salafista?. Esto sería debate para otro punto.

  4. Lo peor a lo malo de todo esto es que ya se ha iniciado una suerte de carrera desenfrenada para competir por ser el político que más se arrima a cuantas más causas partidistas mejor. Y para rizar el rizo, por encima, las encuestas internas en los partidos están siendo sustituidas por los retwuits y me gusta en las redes sociales. Excelente artículo.

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