Psicopatología del nacionalismo

Juan M. Blanco

Los dirigentes secesionistas de Cataluña no cejan en su empeño de lograr la independencia a toda costa, un camino que emprendieron de forma taimada y solapada hace varias décadas. Traicionan así el propio Sistema Autonómico que fue establecido para complacerlos, para permitir que encajasen en el marco constitucional vigente. Pero la deslealtad, la felonía, la sedición no son sino pasos necesarios en esa senda que conduciría a un régimen catalán cerrado, monolítico, absoluto, con tribunales controlados y prensa sumisa. Con súbditos que deban plegarse a la ortodoxia o sufrir la opresión y el oprobio. Una perspectiva muy rentable para esa oligarquía de políticos, periodistas paniaguados, “intelectuales” subvencionados y “empresarios” amigos, que vislumbran un horizonte con más poder, favores, mercados cautivos, prebendas e impunidad. Enormes ventajas para ellos a costa de los crédulos.

Mucho más difícil resulta comprender los motivos que llevan a muchos ciudadanos a sucumbir ante los cantos de sirena, a comulgar con ruedas de molino, a emprender la marcha obnubilados por la melodía de estos nuevos flautistas de Hamelín. A caminar por una senda muy peligrosa para la convivencia, la libertad, la estabilidad y el pluralismo político. ¿Cómo puede explicarse semejante fenómeno?

La potenciación de la identidad y la autoconfianza, en un mundo de dudas e inseguridades interiores, es el mecanismo psicológico que alimenta el nacionalismo excluyente

En The Psychology of NationalismJoshua Searle-White señala que la potenciación de la identidad y la autoconfianza, en un mundo de dudas e inseguridades interiores, es el mecanismo psicológico que alimenta el nacionalismo excluyente. Identificarse con una nación, inventada o imaginada, permite al individuo ganar autoestima, atribuirse las cualidades, nunca defectos, que el discurso nacionalista asigna a esa idealizada colectividad. Necesitan, para ello, inventar un enemigo contra el que definirse, alguien a quien traspasar todos los males, vicios, defectos y, por supuesto, la culpa.

No intenten discutir, aportar datos objetivos. Como conjunto de ideas fanáticas, cerradas en sí mismas, el nacionalismo excluyente se muestra refractario a argumentos razonados. Sus conceptos no van dirigidos al intelecto, a la parte racional de los individuos, sino a las vísceras, a los impulsos más básicos, a esa parte primitiva, impulsiva e irracional que todos llevamos dentro. Pertenece al grupo de doctrinas que recurren a retorcidas técnicas de propaganda, tergiversan la educación, la historia, manipulan las emociones de la masa fomentando odio, desprecio, transferencia de culpa hacia otros.

Una creencia mesiánica

Como una especie de religión laica, como creencia mesiánica, el nacionalismo excluyente hace creer a la gente que goza de cualidades excelsas, superiores, tan sólo por pertenecer al grupo. El paraíso se encuentra a la vuelta de la esquina, solo a falta de liberarse del yugo de los opresores. Profesar la nueva fe constituye un atajo, una vía muy cómoda, exenta de esfuerzo, para sentirse justo, cabal, repleto de razón. Para considerarse víctima, adquiriendo enorme superioridad moral y derecho a un trato de favor. No es necesario esforzarse, emprender el largo y costoso camino de la auténtica superación personal. Basta con convertirse, identificarse, ser, comulgar con la tribu, con sus jefes, para ser instantáneamente bendecido y santificado.

El nacionalismo presenta una visión torticera de las relaciones entre grupos, promueve una elevada visión del ‘nosotros’ frente a un deshumanizado ‘ellos’

Lauren Langman, en The Social Psychology of Nationalism sostiene que “el nacionalismo presenta una visión torticera de las relaciones entre grupos, distorsiona las intenciones de los otros y promueve una elevada visión del ‘nosotros’ frente a un ‘ellos’ deshumanizado y malvado, con el fin último de lograr una adhesión total a sus líderes. Los dirigentes nacionalistas, a través del control de los medios, manipulan al público presentando a los ‘otros’ como un peligro para ‘el pueblo’, su bienestar, honor y dignidad. Cuando el nacionalismo cae en el ‘pensamiento de grupo’, se vuelve impermeable a la razón.”

Muchos pensarán que, con tan burdos argumentos, el nacionalismo excluyente sólo podría manipular a patanes, necios e ignorantes. Pero no es así porque se trata de una doctrina que no apela a la razón sino a las emociones. Atrapa también a muchas personas inteligentes y cultas porque no se trata de una mentira cualquiera sino de una fábula que contiene todo el delicado material con que se tejen las fantasías, los sueños, el miedo, la angustia, las dudas sobre la propia identidad. Narra ese cuento de hadas que todo niño desea escuchar. Un enfoque maniqueo, de buenos y malos, que arrincona la responsabilidad individual, diluyéndola en la dinámica del grupo.

Quiénes son los verdaderos héroes

El nacionalismo no se limita a alentar una identidad colectiva, a crear en el individuo una afinidad hacia sus cercanos, una identificación con la comunidad en la que vive. Si todo quedase ahí, no implicaría problema alguno. El peligro surge cuando la identidad que promueve es excluyente, cuando no sirve para cohesionar la sociedad sino para dividirla en mitades irreconciliables. Es nocivo, extremadamente dañino, cuando difunde una distorsionada imagen del “otro”, inventa viejos agravios, fomenta la enemistad, el enfrentamiento. Cuando inocula en las gentes maldad, odio, menosprecio del vecino, conduciendo a la discriminación, a la xenofobia, a una quiebra de la convivencia. Una conducta que sería perseguida como grave delito en cualquier país menos acomplejado y pusilánime que España.

El pacto entre oligarquías otorgó a los nacionalistas manga ancha para actuar a voluntad en sus territorios… siempre que guardaran las formas, la apariencia de legalidad

Pero el Régimen de 1978 creó el caldo de cultivo perfecto para la difusión de estas creencias. El pacto entre oligarquías otorgó a los nacionalistas manga ancha para actuar a voluntad en sus territorios… siempre que guardaran las formas, la apariencia de legalidad. Mientras, la ideología nacionalista quedaría blindada contra la crítica por un terrible tabú. Y se beneficiaría de la extendida impunidad de los poderosos, la todos los que perteneciesen a un importante grupo de presión. Con su abierta insurrección, Carles Puigdemont y sus colegas no han vulnerado exactamente el fondo, pues en la práctica los nacionalistas han quebrantando las leyes siempre que les ha venido en gana, con el consentimiento del gobierno nacional. Pero sí las formas, la apariencia, ese decorado de cartón piedra en que se basó el Régimen de la Transición.

Puigdemont y sus adláteres no pretenden sólo el poder: también la gloria. Pasar a la historia como héroes, titanes de un nuevo mito fundacional. Pero su comportamiento muestra poco heroísmo o valentía; más bien egoísmo, abuso, mezquindad y, sobre todo, falta de escrúpulos. Una trayectoria de trileros que han jugado con la buena voluntad de muchos ciudadanos.

Los verdaderos héroes, aquellos que merecen admiración, respeto y reconocimiento de todos los españoles son esos catalanes no nacionalistas que, abandonados a su suerte por los sucesivos gobiernos de España, han osado levantar la voz, resistido la manipulación, la interesada presión de las oligarquías políticas y de sus organizaciones subvencionadas, preservando las ideas que inspiraron la democracia, hoy denostadas y pisoteadas. Han levantado la antorcha de la razón allí donde su ausencia ha generado auténticos monstruos.  @BlancoJuanM &  @BenegasJ


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7 comentarios en “Psicopatología del nacionalismo

  1. Excelente análisis Sr Blanco

    Simplemente añadir que desde sus comienzos intentan ligar a su causa “retales de razón”, ya se que la razón o es toda o no es (no se puede compartimentar), pero el hecho de tener bula para manejar esos “retales de razón” forma parte de su “hecho diferencial”.

    Lo digo porque a finales/mediados del XIX, en la mas pura tradición racista y frenológica, se dedicaron a buscar (los Dr Roberts y otros de turno) un patrón que definiera la raza catalana. Rastrearon en cementerios, en tumbas de patricios diversos algo que demostrara empirícamente que ellos no eran iguales que los andaluces, murcianos.. necesitaban anclar en una evidencia científica su hecho diferencial.

    Todos sabemos que aquello fracasó, no existe esa evidencia y probarla así no es posible. Así que cambiaron de perespectiva, pero no de objetivo, cambiando la evidencia racial por la linguística. Por eso el tema de la lengua es fundamental en su delirio y se ha usado para enfrentar y no para comunicar (que es para lo que sirven las lenguas). Porque permitía su manipulación de una manera mucho mas arbitraria que la de los cráneos de sus patricios.

    Previamente ambos nazionalismos ya partían de la base diferncial de que lo que había que proteger era el cristiano viejismo y sus privilegios heredables, afianzados por el Carlismo. Ellos eran difeentes porque eran cristianos de siempre y los otros no.

    Respecto lo que comenta también de que se les ha dado alas desde el R78, a cambio de que en la apariencia no rompieran la baraja, al fin y a la postre de ese negocio viven no sólo 2 si no 15 mas.. negociados completamente de acuerdo.

    El problema es que les ha pasado, y liga muy bien con su razonamiento, como a esas familias/clanes de trafcantes de drogas, que exigen a sus miembros que no consuman con lo que trafican. Los jefes saben muy bien que es, pero que antes o después los mimbros mas recien llegados acaban probando.. producuiéndose la la degenración de la tribu.

    Con los nazionalistas, los mas viejos sabían lo que habñia, y no consumían de su producto, pero ahora las siguientes generaciones lo han provado tanto que no hay manera de que impere un poco de cordura. Ergo hacen de la necesidad virtud y promueven que la intoxicación sea la máxima para que en el revuelto, caos que impere tomar ellos el Poder.

    un cordial saludo

  2. Suelo estar de acuerdo casi al 100% con lo que usted dice en sus artículos, pero hoy…. hoy le ha salido a usted la vena nacionalista y la ha cagado. Atacar al nacionalismo es algo muy complicado, más que nada porque frente a la nación está la anarquía, y eso son palabras mayores. En este artículo perfectamente prescindible, usted ataca al nacionalismo Catalán, pero, sin decirlo, defiende al nacionalismo Español. Dice usted que el nacionalismo catalán está plagado de ventajistas que lo único que pretenden es beneficiarse del poder que otorga tener la sartén por el mango; ¿y qué pasa que los nacionalistas españoles son hermanitas de la caridad? Vamos hombre, que yo pensaba que usted llegaba un poco más allá. No sé si el nacionalismo catalán será mejor o peor que el español, pero lo que sí que le digo es que son hermanos gemelos univitelinos. Habla usted de que la élite catalana usaría la independencia para blindarse judicial y políticamente… ¿y qué pasa que en el resto de España el jefe del estado va a la cárcel por cobrar comisiones y admitir regalos? ¿Qué pasa que “mister X” está penando los asesinatos que ordeno? En fín.

    1. Frente a la nación está la anarquía. Incorrecto. Frente a la nación, en todo caso, estará otra nación. La anarquía está frente al estado. No confundamos nación con estado, Sr. Rberzal.
      ¿Donde están los nacionalistas españoles, Sr. Rberzal? ¿El PP y el PSOE son nacionalistas españoles, Sr. Rberzal? ¿Acaso P’s, C’s e IU lo son, Sr. Rberzal?
      Por supuesto que la élite política catalana es hermana gemela de la española ¡Como que es española! Pero no usemos el término “elite” aplicado a toda esa gentuza. Lo correcto es llamarla “oligarquía”.

      1. Estoy de acuerdo con usted en que lo correcto es contraponer la anarquía al estado, siento no haber sido formalmente correcto. Pero pasa una cosa: La nación, como tal, es un sentimiento individual, es decir, yo puedo afirmar que usted y yo formamos una nación. Todas las naciones son ideas más o menos ampliamente compartidas. La nación española es una idea compartida por muchas personas, seguramente más que las personas que comparten la idea de nación catalana, pero tan nación es la una como la otra porque ambas son ideas abstractas. Luego pasa otra cosa, mi concepto de nación no tiene por qué ser igual al de nadie más.
        Como usted puede ver el concepto de nación es algo bastante etéreo y sin demasiada transcendencia. Lo que pasa es que, a partir de la Revolución Francesa, los políticos usan el concepto nación para aglutinar a personas y, con su apoyo, se apoderan del ejército que siempre había estado en manos del soberano y, de esta forma, los políticos se hacen soberanos. Es decir, la nación, como tal, no significa nada hasta que alguien la utiliza como herramienta para hacerse con el poder del ejercito bajo el cual crece el estado.

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