Cataluña: anatomía de las sediciones

Juan M. Blanco

El choque de legitimidades buscado por los secesionistas catalanes se ha hecho realidad. Se acerca el momento crucial. Y la postura que adopte la maquinaria de la administración autonómica resultará clave. ¿Obedecerán los funcionarios, incluyendo los miembros de la policía, órdenes anticonstitucionales de sus dirigentes políticos o, por el contrario, seguirán acatando la legislación vigente? La participación en un proceso insurreccional no suele estar exenta de peligros; caso contrario el envite sería un mero divertimento. La decisión de cada uno entraña costes y riesgos, que dependen de cuál sea el desenlace esperado. ¿Cuáles son los incentivos, las motivaciones que pueden empujar en un sentido o en otro?

En todos los colectivos hay minorías que mantienen un criterio firme pero hay una parte sustancial que tiende a inclinarse hacia un lado o hacia otro dependiendo de las expectativas de éxito que otorguen a la insurrección

El éxito de un proceso de sedición depende del número de sujetos que se sume a él, especialmente los que componen la maquinaria clave de la administración y la fuerzas de seguridad. En todos los colectivos hay minorías que mantienen un criterio firme, una línea clara de actuación: en este caso exaltados secesionistas, dispuestos a saltarse la legalidad a cualquier precio y, también, acérrimos partidarios del orden constitucional, que se negarán en rotundo a participar en un acto ilegal. Pero hay una parte sustancial que tiende a inclinarse hacia un lado o hacia otro dependiendo de las expectativas de éxito que otorguen a la insurrección; a nadie le entusiasma la perspectiva de ser expedientado o perder su puesto de trabajo. Curiosamente, para establecer estas expectativas, la gente tiende a tomar como información relevante… lo que espera que harán los demás. Si perciben que muchos se suman a la sublevación, también se adherirán. Pero se retraerán si no esperan gran apoyo. Por eso existe un punto crítico, o masa crítica, a partir de la cual la sedición tiende a crecer hasta alcanzar la mayoría. Y por debajo tiende a decaer, a fracasar.

Las teorías de punto crítico, o masa crítica, consideran que, a pesar de existir minorías que toman sus decisiones por principios, buena parte de la gente es cobarde, insegura, temerosa de sufrir consecuencias. En el presente caso, el objetivo sería preservar su puesto en la administración, el estatus, las ventajas etc. Por ello, parte de los individuos intentará apostar a caballo ganador. A mayor seguimiento de las órdenes de los insurrectos, el sujeto percibirá más cercano el éxito de la sedición y más lejanas las consecuencias negativas de colaborar con ella. Así, alcanzada una masa crítica que desobedece la legalidad vigente, la rebelión crece hasta alcanzar un ímpetu considerable. Y si no llega al punto crítico… la insurrección decae y se disuelve en agua de borrajas. Es el principio de la profecía auto-cumplida: la postura percibida como mayoritaria, acaba siéndolo realmente.

Este enfoque explica el éxito o fracaso de gran parte de los golpes de Estado, rebeliones, pronunciamientos etc. Pero lo interesante es que los líderes de las partes enfrentadas pueden alterar ese punto crítico, la probabilidad de que el motín triunfe o fracase.  En principio, la legalidad vigente suele partir con bastante ventaja porque, ante la duda, muchas personas tienden a acatar el statu quo, la legitimidad que han venido aceptando hasta el momento. En el caso actual, sin embargo, este teórico predominio del gobierno se ha ido diluyendo porque, durante años, la legalidad ha sido vulnerada sin consecuencias; incluso a veces con ganancias. Los secesionistas catalanes han aprendido que la ley en España es de goma: se estira o encoge a voluntad de los políticos. Y que la palabra “negociación” siempre significó “cesión por parte de las autoridades españolas”. Pero la verdadera fuerza de los secesionistas consiste en que han actuado siempre con una estrategia de largo plazo, frente a una visión cortoplacista de los gobiernos nacionales. Por eso siempre ganaron todas las partidas.

Si el gobierno muestra debilidad, pone límite a las acciones a tomar o intenta resolver la crisis ofreciendo más pasteleo y cambalache, acabará reforzando al enemigo

En el actual episodio, una de las partes, la sediciosa, ha declarado su disposición a llegar hasta el final a cualquier precio. Ya veremos si es verdad o un farol. Con frecuencia, quien más berrea y vocifera, suele ser quien menos redaños tiene. Pero si el gobierno muestra debilidad, pone límite a las acciones a tomar, renuncia públicamente a alguna opción disponible, o intenta resolver la crisis como de costumbre, esto es, ofreciendo más pasteleo y cambalache, acabará reforzando al enemigo. En estas pugnas, es mucho más peligroso mostrar debilidad que ser débil. Y cualquier expectativa de premio futuro incentiva la sedición.

Por tanto, el gobierno solo puede desalentar la rebelión con una visión de largo plazo, creando expectativas creíbles: a) manifestando que está dispuesto a utilizar todos, absolutamente todos, los medios para ganar el pulso y b) dejando claros los costes y perjuicios para quien secunde la sedición o colabore con ella, castigos que no dependerán de negociación o componenda posterior. Cuando estos procesos interactivos han llegado al punto de no retorno, la parte que se auto-limita, que da muestras de debilidad, que ofrece concesiones… no hace más que incrementar sus probabilidades de fracaso.

El 6 de Octubre de 1934 la rebelión protagonizada en Barcelona por el presidente de la Generalitat, LLuís Companys, fue dominada muy fácilmente en unas horas, con pocos soldados y no muchos tiros, por el general Domingo Batet. La mayor parte de los mozos de escuadra, desobedeció las órdenes de sus jefes políticos, desapareció con disimulo, desentendiéndose de las escaramuzas. Los insurrectos no consiguieron ni de lejos la masa crítica, simplemente porque pocos daban un duro por su victoria. Sólo los exaltados tomaron parte en la revuelta. La clave estuvo en que los dirigentes del gobierno legítimo de la República mostraron firmeza, manifestaron que estaban dispuestos a utilizar todos los medios para aplastar la rebelión. Si el primer ministro, Alejandro Lerroux, hubiera dejado traslucir debilidad, anunciado que descartaba utilizar la fuerza, o que estaba dispuesto a otorgar cualquier concesión a los insurrectos, probablemente la situación se habría agravado considerablemente.

Imaginen la perspectiva de una hipotética Cataluña independiente, gobernada por radicales, exigiendo territorios del resto de España y Francia.

Pero la comparación solo es teórica; los tiempos han cambiado bastante. Hoy vivimos en una sociedad más moderna y, sobre todo, mucho más miedosa que la de entonces.  Si en aquella época el peligro consistía en comparecer ante un consejo de guerra, que podía condenarte a ser fusilado, hoy día el riesgo, lo que produce verdadero terror, es ser inhabilitado, perder tu puesto en la administración, las ventajas, las subvenciones o ser condenado a una sustanciosa multa. Y el mayor riesgo físico es recibir unos desagradables porrazos de la policía.

No hay que ser Napoleón para saber que, en última instancia, la esencia del poder del Estado reside en la punta de las bayonetas. En los tiempos actuales, sin embargo, si los gobiernos juegan con habilidad la partida, no suele hacer falta comprobarlo. Pero no parece el caso: cuando más se deja crecer una sedición, cuanto más se tolera la transgresión de la ley, más se acercan los insurrectos a la masa crítica y mucha más fuerza hay que aplicar después para revertir la situación.

Esta crisis tan grave debe servir para sacar las enseñanzas oportunas: cuando constantemente se tolera la vulneración de la ley de manera disimulada, mucho más difícil es aplicarla después, cuando se desobedece de forma abierta. El sistema político español no funciona correctamente, necesita una reforma en profundidad. Pero esa es otra historia.

Si dudan, si siguen paralizados por el miedo a los vociferantes y violentos secesionistas, si continúan instalados en el corto plazo, alcen la vista hacia el horizonte: imaginen la perspectiva de una hipotética Cataluña independiente, gobernada por radicales, exigiendo territorios del resto de España y Francia. Esa sí que es una receta infalible para la tragedia, una vía directa hacia la verdadera violencia… incluso la guerra.

Twitter  @BlancoJuanM

Twitter  @BenegasJ

4 comentarios en “Cataluña: anatomía de las sediciones

  1. El actual gobierno de funcionarios de oposición, que no de intelectuales ni de estrategas militares, ni sabe ni quiere saber del largo plazo. Lo explica perfectamente el profesor Miguel Anxo Bastos; un gobierno de cuatro años tiene un horizonte de 4 años, no le pidas más. Cuando no había medios de comunicación de masas, ni encuestas, ni internet, ni democracia; cuando la soberanía la tenía el rey, este siempre tomaba decisiones a largo plazo y siempre pensando en que el único que le podía poner de patitas en la calle era, el pueblo, y a golpe de fusil. Ahora, con la democracia y los medios de comunicación de masas, los gobiernos vienen y van, las campañas electorales cuestan un dineral que alguien tiene que adelantar y que siempre espera recuperar con creces. Una vez que el gobierno está en el poder, lo primero que tiene que hacer es compensar a los que han arrimado la pasta y luego sacar todo el partido posible en tres años, porque, una vez transcurridos, comienza una nueva campaña y vete tú a saber lo que puede pasar.
    Los Secesionistas catalanes, en cambio, tiene un objetivo común, pasar de recibir las migajas que les administran los gerifaltes de Madrid a convertirse ellos en gerifaltes (que de esto se trata, no de otra cosa). Aquí de lo que se trata es de lo que se ha tratado siempre, de ser soberanos para imponer impuestos al pueblo y repartirse las ganancias. No se trata de democracia, ni de lengua, ni de cultura ni de otras gilipolleces, se trata de tener el poder de imponer impuestos mediante el monopolio del uso de la fuerza.

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  2. Apreciado Sr Blanco

    Profético escrito el suyo, tiene fecha del 29-S y yo le escribo desde el 3-O.

    Siento curiosidad y preocupación por saber por qué tiene que publicar sus reflexiones desde su web y no es posible desde otros medios, como pasaba antes con VP. Es importante saberlo para quien cómo yo, y no soy el único, tiene miedo de que le estén censurando limitando el acceso a los medios.

    Si así fuera le ruego que nos lo haga saber para que quienes le leemos obremos en consecuencia.

    Respecto el tema en cuestión. Ya escribió al sobre ello un tal Curcio Malaparte, en su libro “Técnicas del golpe de Estado”, que no por casualidad sigue siendo tabú, a pesar de que se escribió en 1931. Por algo será.

    Ya, a toro pasado, está claro quien ha ganado el golpe, y han sido los sediciosos. Básicamente por que Rajoy nunca ha tenido un plan.

    POR QUÉ RAJOY NO HA TENIDO UN PLAN

    Muy sencillo: No se puede ser juez y parte, para ser creíble.

    Un plan por parte de Rajoy debería incluir un por qué se ha llegado hasta donde se ha llegado, y para eso tendría que admitir no sólo culpas, si no el reconocer que él y los suyos se han beneficiado de que gracias a la situación catalana, ellos (que han promocionado los disparates lingüísticos en Baleares, Valencia, Galicia) han sacado también numerosos beneficios en Castilla/León, Cantabria, Murcia, Rioja, Aragón, Castilla la Mancha..

    Por eso ha jugado al corto plazo. Porque sin Cataluña no se sostiene la arquitectura de las 17 Taifas.

    Por eso mismo Jordi Pujol no está en la cárcel y pudo votar entre vítores de los suyos el pasado Domingo, conoce todos los nidos del árbol del mal. Los nidos, quien puso los huevos, de quien es el cuco y cuanto se ha llevado.

    En su escrito Sr Blanco describe de manera magistral el porque la masa se va con unos o con otros.

    Supongamos que al final se gana la guerra, aunque se haya perdido esta batalla, y la ganamos los buenos, es decir nosotros, usted y yo. Toca lo mas complicado, el relato.

    Y que es relato. Pues ago muy sencillo que NO SE HA HECHO EN VASCONGADAS CON ETA Y QUE ES IMPRESCINDIBLE.

    Y ES, SON, UNOS JUICIOS DE NÜREMBERG, para el caso vascongado en Loyola, y para el catalán en el Nou Camp, en el Palau de la Música, o en el Ecuestre…, o donde diga usted.

    Unos Juicios de Nüremberg es lo que confirma en esa masa amorfa que no sabe a donde ir la impronta de quienes son buenos y los malos y por qué.

    Es lo que nos evita que la historia se repita y que podamos aprender de ella.

    un muy cordial saludo

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  3. Excelente análisis. Y gana en consistencia a día de hoy, 5 de octubre.
    Lo ha clavado en lo que a la situación de partida se refiere. Los revoltosos han salido con varias cabezas de distancia y el arranque ha sido demoledor.
    El discurso del Rey ha marcado un punto de inflexión y parece que se produce una reacción creciente en sentido contrario.
    En mi opinión, se abren dos escenarios posibles:
    O el Psoe cierra filas y cubre la retaguardia del Gobierno, con lo que el contraataque puede resultar letal.
    O el Psoe opta por seguir en la indefinición o peor, convirtiéndose en parte del problema, con lo que el Gobierno tendría que atender dos frentes y eso, ya se sabe, puede significar una confrontación civil de incierto resultado.
    Con Sánchez al frente, cualquiera sabe.

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    1. O el PSOE se parte de manera definitiva. No me imagino a los del sur esta vez tragando lo de la España Federal y menos transferencias para el cortijo.

      Lo mismo puede pasar con el PP o irse a 40 escaños y gracias.Y de Podemos dependerá cuanto lo quiera sacar el PP en las teles para amedrentar o de si para cuando quiera hacerlo le quedan resortes de Poder suficientes.

      No soy de Ciudadanos y Rivera no emociona y no lo votaré pero se puede quedar en 140. De haber elecciones en meses.

      Desde luego nos ha tocado pasar tiempos “interesantes”

      un cordial saludo

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