El insólito racismo… contra uno mismo

José Carlos Rodríguez

Uno de los métodos más cínicos de control social bajo los sistemas comunistas era el de la autodenuncia. El régimen cargaba contra uno de sus súbditos, y si era lo suficientemente relevante lo hacía pasar por una humillante exposición pública autoinculpatoria. En ella, se denunciaría a sí mismo cometiendo todo tipo de crímenes contra el socialismo, y animaría a todos los vacilantes a mantenerse firme en la defensa del régimen. A menudo, esas confesiones era lo último que se sabía de ellos antes de ser ejecutados. Pero se iban con la tenue convicción de que, al menos, el régimen no iba a ejecutar también a su familia.

Estas exposiciones públicas de culpa, que son una más de las muestras de que el socialismo es una nueva religión, no cumplen ninguna función en una sociedad libre. Pero eso no quiere decir que no las haya. Ahí está Ashley Graham, la súper modelo de tallas generosas. Está viviendo un momento profesional muy bueno, pero ella no se engaña, o sí, y lo achaca a factores que van más allá de su talento: “Sé que estoy en este pedestal a causa del privilegio blanco”, porque “no ver a mujeres negras o latinas en mi industria es una situación de locura”.

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