La “violencia estructural”: cómo ser violento sin saberlo

Benegas y Blanco

Desde que salieron a la luz acusaciones de acoso y abuso sexual por parte del poderoso productor de cine Harvey Weinstein, la igualdad de género y el llamado “empoderamiento de la mujer” se han convertido en reivindicaciones ya inapelables. Como suele suceder cuando se desencadena un pánico moral, nadie se atrevió a disentir; un sentimiento de culpa colectivo actuó como mordaza ante cualquier discrepancia, ante cualquier matiz que pudiera cuestionar, aun levemente, esa nueva verdad revelada.

Una vez la apisonadora políticamente correcta se pone en marcha, nadie está a salvo. Ni siquiera Woody Allen, hasta ayer icono progresista de Hollywood, se ha salvado de la quema. Denunciado por abusar sexualmente de su hija adoptiva, el director neoyorquino ha sido repudiado públicamente por sus propias musas, que ahora se dan golpes en el pecho y entonan el mea culpa.

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