Leyes de la memoria: desmemoria selectiva

Fernando Díaz Villanueva

Desde la semana pasada cualquiera que en Polonia afirme de viva voz o por escrito que los polacos colaboraron con los nazis durante la guerra incurrirá en un delito castigado con hasta tres años de prisión. Una pena extraordinariamente dura para tratarse de una simple opinión y por un delito que no debería ser tal. Por dos razones: la primera porque sí hubo polacos que cooperaron de buen grado con los invasores. La segunda porque una opinión, por muy inexacta o malintencionada que sea, jamás debe ser constitutiva de delito.

Pero, volvamos al principio. ¿Por qué surge ahora, más de siete décadas después del final de la guerra, este asunto?, ¿por qué ahora y no hace treinta o cuarenta años? Simple, que sea ahora tiene cierta lógica. La memoria viva de aquella época se desvanece. Los que en el momento de la invasión cumplieron veinte años hoy ya son prácticamente centenarios. Y centenarios no quedan muchos, ni en Polonia ni en ninguna otra parte del mundo. Hay gente que aún recuerda la guerra, pero en la mayor parte de los casos son recuerdos infantiles o de adolescencia. Se trata, además, de personas muy mayores que, por ley de vida, no tardarán mucho en dejarnos.

Cuando la memoria viva desaparece es cuando florecen los fabricantes del pasado, los que confeccionan a gusto del poder la verdad oficial y la fijan mediante leyes de memoria como las que proliferan por doquier de un tiempo a esta parte.

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