Por qué Occidente se avergüenza de sí mismo

Juan M. Blanco

Un fantasma recorre el Mundo Occidental. O, al menos, esa es la percepción de sus élites gobernantes. Un profundo malestar, un singular enojo se apodera de muchos ciudadanos, que no desaprovechan ocasión para manifestar su hartazgo, su protesta contra un asombrado establishment. Frente a todo pronóstico, un personaje ajeno al aparato de los partidos, Donald Trump, salió victorioso en la carrera hacia la Casa Blanca. Contra todas las apuestas, los ciudadanos británicos votaron su salida de la Unión Europea, en un gesto de rechazo a la burocracia de Bruselas. ¡No es posible! vocean las élites ante la “traición” de los votantes. ¡Esto no es justo! claman gobernantes, burócratas, dirigentes de partidos, ante la inexplicable disconformidad de la gente con un sistema supuestamente diseñado por su bien, por su felicidad. O… quizá no.

¿Qué ha sucedido para que tantos ciudadanos recelen del estabishment?

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