Y por fin reformaron las pensiones: ahora búscate la vida

Javier Benegas y Juan M. Blanco

De repente, para sorpresa de muchos, miles de jubilados han salido a las calles de distintas ciudades españolas a protestar. Movilizados por lo que se ha dado en llamar Coordinadora Estatal en Defensa del Sistema Público de Pensiones, reclaman “pensiones dignas”; es decir, un incremento de las pensiones acorde con el ritmo de la inflación, derogando el actual índice de revalorización.

Existe la opinión de que precisamente los jubilados actuales forman parte de uno de los grupos menos perjudicados por la Gran Recesión, que la crisis golpeó con más violencia a autónomos, asalariados y desempleados, tal como reflejan los datos agregados. En cualquier caso, lo importante sería conocer qué fórmula mágica podría aplicar una Administración extraordinariamente deficitaria y endeudada para elevar sensiblemente las pensiones. Tal vez, como proponen algunos, creando un impuesto especial, a pesar de que la presión fiscal es ya muy elevada; o tal vez recolectando todo lo que la corrupción ha ido drenando de nuestros recursos.

Lamentablemente, el problema es de tal magnitud que ambas vías apenas representarían una gota de agua en el inmenso océano de recursos que requeriría el sistema actual para que las pensiones pudieran aumentar en la cuantía de dinero en la que los promotores de las protestas miden la “dignidad”.

La indignación de los pensionistas que se manifestaban estos días no será nada en comparación con la de quienes se jubilen en el plazo de 10 o 20 años

Con todo, la indignación de estos manifestantes será liviana en comparación con la de quienes se jubilen en el plazo de 10 o 20 años. Y es que el problema se encuentra en su raíz, precisamente en el Sistema Público de Pensiones, gestionado por los gobernantes.

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