Cuando el deseo y el disfrute aplastan la libertad

José Luis González Quirós

No se puede explicar de manera sencilla el notable predominio cultural y político que mantienen en España las posiciones que se consideran de izquierdas. Hay una profusa variedad de raíces en esa dispersa floración, desde la añoranza de un pasado paternalista y autoritario a la difusa influencia de la cultura católica y barroca, además de las específicamente políticas y sindicales. Pero todo ello culmina en un hecho: los discursos que enfatizan el valor de la libertad tropiezan con una sólida barrera ideológica.

Desde el comienzo del actual Régimen de 1978, la libertad dejó de constituir un objetivo y pasó a considerarse algo ya conquistado. Así, en su lugar imaginario se instalaron otra suerte de bienes. La razón no es difícil de comprender: muchos ciudadanos no alcanzan a ver cuál pueda ser el valor de algo que creen ya tener, y se consagran a conseguir aquello que no poseen, es decir, lo que desean ser y tener, de forma tal que el deseo comenzó a ocupar el lugar que debería corresponder a la libertad como principal valor político.

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