El gran negocio del “progresismo”

Javier Benegas

Hacía falta que transcurrieran unas pocas semanas para certificar lo que todos sospechábamos: la delirante huelga feminista del pasado 8 de marzo fue una iniciativa de Podemos, a la que se sumaron con entusiasmo, aun con falsos matices, los progresistas de todos los partidos. Así lo reconocen los propios interesados. Y además se felicitan por haberse sumado a esta operación de agitación, que no buscaba defender a las mujeres sino socavar la confianza mutua y debilitar a la sociedad.

En realidad, las constantes algaradas de la izquierda radical no tendrían ninguna repercusión si no fuera porque la otra izquierda, la falsamente moderada, las amplifica y usa como palanca para, poco a poco, imponer sus propias ingenierías sociales en detrimento de la libertad individual.

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