Una manipulación interesada de la plebe

Juan M. Blanco

La famosa sentencia que condenó en España a nueve años de prisión por abusos sexuales a un grupo conocido como “la manada” desencadenó una serie de reacciones desproporcionadas. Como impulsadas por un resorte, enormes muchedumbres salieron a la calle, atacando imprudentemente a los jueces por considerar demasiado leve la condena.

Las redes sociales se inundaron de insultos e improperios, de argumentos absurdos, de razonamientos incoherentes, de ideas que no resisten el más mínimo escrutinio. Incluso de propuestas que, aun cuando podrían implicar el deterioro de los derechos y libertades, fueron esgrimidas con una contundencia y un grado de vehemencia que no sólo escandaliza y asusta; también desorienta pues resulta complicado encontrar una explicación plausible a tanta irracionalidad.

Sin embargo, hay un elemento que ofrece la pista crucial de este tipo de arrebatos de ira y ofuscación: suelen tener una dinámica colectiva, todos rabian al mismo tiempo y por el mismo motivo. Y, casi siempre, por algún suceso difundido, aireado, repetido hasta la nausea con extremado morbo por los medios, especialmente por la televisión…

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