El “juego de los dosieres” o la extorsión como control político

Javier Benegas y Juan M. Blanco

El uso de información comprometedora para obtener ganancias políticas es una práctica conocida en casi todos los países. Hace unas décadas, cierto líder de la mayoría del Senado de los Estados Unidos poseía una especial habilidad para enterarse de los deslices de sus colegas. Si le faltaba algún voto en una moción importante, podía contar un divertido chiste sobre un senador casado que pasaba un fin de semana en Las Vegas en compañía de una amiguita. Mientras todos los demás reían, a uno de los presentes se le atragantaba el café y, súbitamente, cambiaba de criterio en la siguiente votación.

Sin embargo, lo que en otros países es la excepción, en España es más bien la regla con la que el poder, las cúpulas de los partidos, pueden controlar a sus adversarios y, sobre todo, a los afines. El espionaje, la recolección de información comprometedora sobre personajes públicos y la confección de dossiers, son prácticas demasiado extendidas en los círculos del poder. Casi cualquier cargo público puede ser objeto de chantaje, llegado el momento de tomar alguna decisión importante…

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