Una enorme amenaza para la sociedad abierta

Juan M. Blanco

La llamada ‘Corrección Política’ se ha erigido en las últimas décadas como la ideología dominante en Occidente, como su verdadera ortodoxia. Y se ha convertido en una creencia transversal, aceptada por casi todo el espectro político, impregnando la mayor parte de las políticas que se llevan a cabo hoy en día.  Sin embargo, a pesar de lo que muchos creen, o se ven obligados a sostener, no se trata de una benévola visión del mundo. Ni de una manera educada y elegante de proteger a las víctimas, de evitar cualquier expresión que pudiera molestarlas. Tampoco es una ingenua ideología, rayana en el puritanismo, que intenta convertir a la gente en justa y benéfica.

Es una doctrina fanática que amenaza los fundamentos de la democracia, la libertad, la sociedad abierta, la libertad de expresión, los derechos individuales, la igualdad ante la ley y el imperio de la razón. Y que, a contracorriente de la mejor tradición de Occidente, no tolera la heterodoxia, impide el debate de ideas porque directamente ataca y descalifica a quienes no comparten su “indiscutible” creencia…

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